BTS vuelve a la Argentina con tres noches sold out y un fandom que ya escribe su propio reglamento
La banda surcoreana desembarca en La Plata para su gira ARIRANG y reaviva el fenómeno ARMY: desde recomendaciones de higiene hasta pedidos de no perseguir a los idols, las fanbases se organizan antes de que suene la primera nota.
Todavía no termina de caer la tarde en Ezeiza y ya hay una pequeña multitud de espaldas contra los vidrios del arribo, con celulares en alto y carteles improvisados, cuando se ve aparecer a los siete integrantes de BTS cruzando la terminal como quien no quiere la cosa. Es lunes 19 de octubre y el grupo surcoreano acaba de pisar suelo argentino por primera vez en varios años, en el arranque local de la gira mundial ARIRANG. A partir de ese momento, y hasta que termine la última función, la ciudad de La Plata va a latir al ritmo de un fenómeno que, les guste o no a los ajenos, ya viene con su propio manual de convivencia.
Las funciones están previstas para el 21, 23 y 24 de octubre en el Estadio Único Diego Armando Maradona, con localidades agotadas desde hace semanas, según la información oficial de la producción. No quedan plateas ni populares, y la reventa, como suele pasar en este tipo de eventos, se mueve en un terreno donde el precio lo define el azar más que la lógica. Pero lo que más llamó la atención en las últimas horas no fue la cuestión de las entradas, sino la cantidad de mensajes, hilos y documentos que las fanbases vienen difundiendo para que los recitales transcurran sin sobresaltos.
Un reglamento hecho por fans, para fans
- Asistir bañados tanto a los shows como a las acampes previas, para sostener condiciones de higiene mínimas durante esperas largas.
- No concentrarse en los hoteles donde se hospedan los artistas, ni seguir sus traslados, ni difundir ubicaciones o movimientos en tiempo real, en línea con el rechazo a las prácticas sasaeng, término que en coreano designa a quienes invaden la privacidad de los idols.
- Dentro del estadio, mantener los ARMY Bomb a una altura que no tape la visual del resto, no arrojar objetos al escenario y cuidar el espacio personal, sobre todo en el campo, donde la densidad de público hace que cualquier descuido se note.
- Respetar las ubicaciones adquiridas y las indicaciones del personal de seguridad, sin apropiarse de espacios que no corresponden.
Las recomendaciones circularon con fuerza en Twitter, Instagram y TikTok, y no pasaron desapercibidas: varias fueron tomadas con humor, otras generaron debate y algunas incluso se volvieron trending topic. El pedido de llegar bañados a los shows, por ejemplo, concentró buena parte de las bromas, aunque las comunidades más organizadas insisten en que detrás del tono liviano hay un problema concreto: las filas de espera pueden extenderse durante muchas horas y la convivencia se vuelve insostenible sin pautas mínimas de cuidado personal.
En paralelo, las fanbases salieron a marcar la cancha sobre un tema que suele aparecer en cada visita de un grupo coreano al país: la persecución a los artistas fuera del escenario. Los pedidos de no estacionarse en los hoteles, de no seguir vehículos y de no compartir coordenadas en tiempo real apuntan a diferenciarse de las prácticas sasaeng, que en Asia son un fenómeno conocido y repudiado por la mayoría del fandom. La movida busca que la experiencia del recital no quede empañada por escenas invasivas que después terminan asociadas a la comunidad entera.
La preparación también dejó al descubierto tensiones internas. En redes circularon mensajes que cuestionaban la presencia de figuras públicas y de público ocasional en espacios que algunos seguidores consideran propios de quienes acompañan al grupo desde hace más de una década. La discusión, que suele repetirse en cada gran recital, volvió a dividir aguas entre los que defienden que el show sea una experiencia abierta y los que prefieren un ambiente cerrado al mundo. Lo concreto es que el acceso depende exclusivamente de la entrada adquirida y de las disposiciones de la organización, por lo que más allá de los reclamos, las ubicaciones se respetan según lo que indica cada ticket.
Como periodista que cubrió el desembarco inicial de BTS en el país, les confieso que cada vez que vuelvo a escribir sobre esta comunidad me pasa lo mismo: me sorprende la capacidad de autoorganización. Hay algo profundamente humano en ver a miles de personas, la mayoría jóvenes, redactando documentos colectivos, distribuyendo tareas, repartiendo viandas en las filas y bajando línea sobre cómo tratarse entre desconocidos durante un fin de semana largo. Es, si se quiere, una de las expresiones más concretas de eso que llamamos sociedad civil, aplicada a un fandom.
Más allá de los debates, lo que viene es lo que importa: tres noches en La Plata donde siete músicos van a desplegar un show que mezcla coreografía, orquesta en vivo y una pasarela de pasillos que ya es marca registrada. Para los que tengan entrada, el consejo de las fanbases se resume en algo simple: llegar temprano, hidratarse, no perder de vista al de al lado y, sobre todo, dejarse llevar. Para los que no, queda el consuelo de saber que la ARMY suele dejar las ciudades un poco más ordenadas de como las encontró. Y, créanme, eso también es noticia.
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