Cuatro meses de broma en prime time: el caso que sacudió a la televisión danesa
Una cadena emitió un programa que hizo creer a un humorista que filmaba una comedia de terror, con 149 cómplices. La presión pública obligó a adelantar los episodios restantes.
Hay historias que uno lee de corrido y, cuando llega al final, se queda un rato pensando en lo que le pasó a la persona de carne y hueso. Esta es una de ellas. La cadena danesa TV 2 Echo estrenó el 26 de octubre el programa «Alle elsker Rasmus» (Todos quieren a Rasmus), en el que el humorista Rasmus Wallbridge fue sometido durante cuatro meses a una broma continua grabada con cámara oculta.
Según el material de base, 149 personas participaron como cómplices, entre ellas amigos personales y su pareja artística. Todos colaboraron para convencerlo de que estaba protagonizando una versión danesa de una película de comedia de terror, y el engaño llegó a incluir viajes al exterior aunque él acababa de ser padre.
Un engaño que se estiró hasta lo personal
Lo más duro del caso es que la farsa no se quedó en el terreno profesional. Se metió en la vida familiar de Wallbridge en un momento delicado y se extendió hasta lo que él creía que era el sueño de su carrera. Cuando el último episodio reveló la verdad, la producción mostró un fragmento de audio editado en el que él aparecía riéndose, un detalle que sumó acusaciones sobre la manipulación del material.
A eso se suma la parte contractual. Al terminar las grabaciones, se le ofreció el equivalente a unos 3.300 euros si rechazaba la emisión, frente a unos 107.000 euros si la autorizaba. Como sus apariciones en el programa eran su principal fuente de ingresos en ese período, la presión para aceptar era enorme.
La reacción y lo que vino después
- La cadena decidió emitir los cinco episodios restantes de corrido, tres días después del estreno, para intentar aliviar el impacto.
- La ministra de cultura, Zenia Stampe, tomó posición pública y calificó el formato como repugnante.
- El programa fue cancelado antes de completar su curso normal.
- Wallbridge rechazó el proyecto cinematográfico que la productora le había prometido como parte del engaño.
- Según trascendió, cortó el vínculo con varias de las personas que participaron, incluido su mejor amigo.
El episodio abrió un debate sobre los límites éticos de la televisión de entretenimiento cuando la broma se prolonga durante meses y afecta la vida personal y laboral de quien la sufre. La pregunta que queda flotando es dónde termina el entretenimiento y dónde empieza el daño real a una persona.
Desde mi lugar, creo que la risa compartida necesita que todos los que están en la mesa puedan reírse, y que el que queda en el centro del chiste sepa que no lo están usando. Me quedo con la idea de que detrás de cada cámara oculta hay alguien que se levanta cada mañana con su propia vida, y que esa vida no debería ser material de burla sin límites.
