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Viernes, 16 de octubre de 2026
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De hongos, muertos vivientes y cerebros en la mesa: tres ficciones para entender el universo zombi que se multiplica en la pantalla

The Last of Us, la serie de HBO que adapta los videojuegos de Neil Druckmann con Pedro Pascal y Bella Ramsey, abre la puerta a un mapa más amplio de relatos que trabajan con infectados, muertos vivientes y criaturas salidas de otro registro. Un repaso por The Walking Dead e iZombie para pensar qué dice cada una sobre lo que queda cuando el mundo se rompe.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 13 d
De hongos, muertos vivientes y cerebros en la mesa: tres ficciones para entender el universo zombi que se multiplica en la pantalla

Imaginate la escena: una Buenos Aires cualquiera, un jueves a la noche, la pantalla encendida en el living, y afuera la ciudad que sigue su pulso mientras vos te hundís en un mundo donde un hongo es capaz de tomar el control de un cuerpo humano. Esa es exactamente la sensación que deja el primer viaje por The Last of Us, la serie que HBO viene sosteniendo desde hace varias entregas y que vuelve a poner sobre la mesa la pregunta más incómoda del género: qué hacemos cuando lo que nos amenaza no es un ejército, ni un virus cualquiera, sino algo que ni siquiera parece estar vivo en los términos que conocíamos.

La serie, creada por Neil Druckmann y Craig Mazin, adapta los videojuegos que el propio Druckmann firmó con el sello que lo consagró. El arranque de esta historia ya llamó la atención en su momento porque la amenaza no era un muerto viviente al estilo clásico, sino una infección vinculada a un hongo, un organismo real que existe en la naturaleza y que la ficción lleva hasta sus últimas consecuencias en un planeta devastado. En el centro del relato están Joel, al que Pedro Pascal le pone el cuerpo y la voz, y Ellie, la adolescente que Bella Ramsey atraviesa de punta a punta, y lo que se pone en juego no es solo sobrevivir al bicho, sino también decidir qué precio está cada uno dispuesto a pagar para proteger al otro.

No todo es el monstruo: el enemigo verdadero suele estar del lado de los vivos

Una de las cosas que a mí, particularmente, me enganchó desde el principio de The Last of Us es que la serie nunca deja que el infectado sea el único problema. El verdadero motor del drama está en las decisiones de los sobrevivientes: hasta dónde llegan para cuidar a los suyos, qué traiciones se permiten en nombre de la supervivencia, y cómo esas elecciones los van transformando en algo que a veces da más miedo que cualquier criatura. Esa mirada es la que permite emparentarla con otra ficción enorme del género, que es The Walking Dead, la serie creada por Frank Darabont a partir de la historieta de Robert Kirkman y que con los años se transformó en un fenómeno cultural de los que ya no se ven seguido.

The Walking Dead, además, tiene un elenco que durante mucho tiempo fue sinónimo del género: Andrew Lincoln, Norman Reedus, Melissa Suzanne McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira y Steven Yeun, entre otros, forman parte de una tropa que se fue renovando con el correr de las temporadas y que le dio a la serie una galería de personajes que el público fue despidiendo y sufriendo como si fueran de la familia. La propuesta recupera la tradición del muerto viviente que el cine de George A. Romero dejó como herencia, pero la lleva a un relato de largo aliento donde la amenaza de fondo no son solamente los caminantes, sino sobre todo los vivos que pelean entre ellos por agua, comida, territorio o simplemente por no volverse locos.

Cuando el muerto viviente se vuelve detective

  • The Last of Us: la amenaza es un hongo y la emoción pasa por el vínculo entre Joel y Ellie, en un mundo donde la elección de sectores es lenta y dolorosa.
  • The Walking Dead: el muerto viviente clásico heredero de Romero, con un grupo de sobrevivientes que se estira a lo largo de más de una década de ficciones derivadas y un universo que sigue expandiéndose.
  • iZombie: una protagonista que come cerebros de víctimas de asesinatos y otras tragedias para resolver crímenes, en un cruce improbable entre el policial y el género zombi.

Y acá viene la tercera parada, que es la que más me gusta recomendar a quien quiera algo con menos apocalypse y más humor negro: iZombie, la serie creada por Rob Thomas, con Rose McIver, Malcolm Goodwin y Rahul Kohli en el reparto. La premisa es de esas que en otra época habrían sonado ridículas y acá funcionan como un reloj: la protagonista es una joven que se convierte en zombi y, como su nueva condición la obliga a comer cerebros para no perder lo que le queda de sí, termina trabajando en una morgue y, de paso, ayudando a resolver casos de Homicidios. Cada cerebro que consume le deja visiones y recuerdos de la víctima, y eso se vuelve la pista para destrabar los misterios.

Lo interesante de iZombie es que toma el género zombi y lo pone a girar en una órbita completamente distinta: en lugar de un fin del mundo, hay una convivencia incómoda entre humanos y seres sobrenaturales, y en lugar de miedo puro hay un humor que se banca el absurdo de la situación sin burlarse del drama. Es una forma más ligera de mirar el género, ideal para quien ya se cansó de los tonos apocalípticos y quiere ver qué pasa cuando al muerto viviente se lo pone a trabajar como detective.

Las tres ficciones, en definitiva, muestran que el universo zombi tiene más flexible la espalda de lo que uno sospecha. The Last of Us viene del videojuego y se planta en el drama más íntimo, The Walking Dead se anima a sostener un mundo entero en estado de sitio durante años, e iZombie se ríe de todo eso mientras resuelve un caso por episodio. Te lo confieso: si me obligan a elegir, me quedo con la última, porque me parece la que mejor demuestra que el género todavía tiene cuerda para rato cuando se lo sabe mezclar con otros registros. Pero lo mejor que podés hacer, si te da curiosidad, es probar las tres y sacar tus propias conclusiones: el mapa del muerto viviente, hoy, va mucho más allá de la clásica horda que avanza por la ruta.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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