Duren le dice no a 190 palos y los Pistons quedan con la pelota picando
El pívot de Detroit rechazó una extensión millonaria, su gente pide más de 200 millones y el plazo del 1 de octubre pone a la franquicia contra las cuerdas. Hay tres equipos mirando de reojo.
Me imagino la cara de Troy Weaver, el manager general de los Pistons, cuando le dijeron que Jalen Duren había mandado al carajo los 190 millones de la extensión. Cinco años, 38 por temporada. Un montón de guita. Pero no le alcanzó. Su representante entiende que con 19,5 puntos y 10,5 rebotes por noche, más un Juego de Estrellas en el currículum y un Tercer Quinteto All-NBA, lo que corresponde es un contrato máximo. O sea, cruzar los 200 palos verdes. Sin chistar.
La estrategia de esperar
Lo que me llama la atención es la pulseada. Duren está dispuesto a jugar la temporada que viene por la oferta cualificada, algo así como 9,3 millones, y en julio de 2027 quedar libre como el viento. Si Detroit lo quiere retener un año más sin ceder, esa es la carta. Pero claro, el riesgo es bestial: lo perdés sin recuperar nada a cambio. En cancherita, lo vimos mil veces. Equipo que labura un proyecto, pierde a su interno de cabaña y termina recomponiendo todo de abajo.
Los que miran desde afuera
- Sacramento Kings, que ya rumorean traspasar a Domantas Sabonis para hacer lugar en el salary cap.
- Dos franquicias más que no aparecen en la nota original pero ya sacaron el anotador.
- Detroit, que tiene la fecha del 1 de octubre clavada en la pared como un alumno que debe el final.
Mientras tanto, el pibe no se movió de Detroit ni para el minicampamento que organizó Cade Cunningham en agosto, la gran figura del equipo. Tampoco apareció en la juntada privada que armó Tom Gores, el dueño, el fin de semana del Día del Trabajo. Dicen que las ausencias duelen más que los rechazos. Acá también.
¿Y ahora?
Si firma la cualificada, el escenario es simple: una temporada más en Michigan y en julio del 27 se abre el mercado para él. Si la rechaza, la negociación entra en zona caliente. Para los Pistons, soltarlo sin nada a cambio sería un cachetazo en plena construcción del proyecto. Yo, si fuera el dueño, me sentaba a la mesa y buscaba un número que cierre. Porque cuando se te va un interno así, el dolor de bolsillo se siente durante cinco temporadas. El próximo partido de Detroit es el que define si esto termina en acuerdo o en pesadilla.
