El parador nocturno de Neuquén que cambió las reglas: atender, contener y no cerrar ni en primavera
A dos meses de su apertura, ya pasó por allí unas 400 personas, con picos de 120 asistentes por noche. Ahora se reconvierte en un dispositivo por etapas, con equipos de salud, psicólogos y la experiencia de Ciudad Oculta como espejo.
Son las nueve de la noche en la Catedral María Auxiliadora de Neuquén y, como cada jornada desde hace dos meses, un grupo de personas en situación de calle se acerca hasta la puerta para esperar el traslado al parador nocturno que la ciudad puso en marcha este invierno. Algunos cargan bolsos, otros arrastran frazadas, varios charlan entre sí como si se conocieran de toda la vida. Es la postal que se repite desde julio y que, contra lo que suele pasar con este tipo de dispositivos, no se va a terminar con la llegada de la primavera: el refugio seguirá funcionando todo el año, aunque con un formato renovado que apunta mucho más alto que dar una cama caliente en las noches más crudas.
Me lo cuenta Daniela, coordinadora del equipo, mientras observa el movimiento en la vereda: atendimos a 400 personas en dos meses, con un promedio de 100 asistentes por noche y picos de hasta 120. Lo dice con una mezcla de alivio y de cautela, porque también aclara que todavía hay gente que duerme en la calle y no quiere o no puede acercarse. De los que sí pasaron por el parador, el 92 por ciento son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en Neuquén, según datos cruzados con el Registro Nacional de las Personas. Es decir: la problemática no es un asunto de personas de paso, sino que golpea de lleno a vecinos de la ciudad.
Un modelo por etapas, pensado para que nadie quede afuera
El cambio central, explican desde el equipo, es que el dispositivo deja de ser un mero parador de invierno para convertirse en un esquema con tres niveles de atención. El primero, el de bajo umbral, se mantiene tal cual: recibe a cualquier persona en situación de vulnerabilidad, independientemente de si tiene consumos problemáticos o no, sin pedirle nada a cambio. Es la puerta de entrada, la más ancha posible, la que garantiza que nadie quede en la vereda por no encajar en un perfil. A partir de ahí, y a medida que cada usuario empieza a estabilizarse, se abren etapas de mediano y alto umbral con objetivos concretos: conseguir un empleo, recomponer el vínculo con la familia, acceder a un alquiler. No es un recorrido lineal ni obligatorio, aclaran: cada uno avanza a su ritmo, y el dispositivo se adapta a la persona, no al revés.
En lo concreto, el operativo también se reordena. El punto de encuentro nocturno se traslada a un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde quienes se acerquen podrán dejar sus pertenencias de forma segura y desde allí serán llevados al refugio. Quienes estén en condiciones de moverse solos podrán hacerlo por sus propios medios, una señal de que el esquema busca también respetar la autonomía de los usuarios y no infantilizarlos.
- Atención podológica todos los miércoles, un servicio clave para quienes caminan todo el día.
- Residentes de medicina general y odontología que pasan por el dispositivo.
- Equipos de psicólogos con abordajes individuales y, desde el nuevo formato, grupos terapéuticos con mayor frecuencia.
- Acompañamiento del Ministerio de Salud provincial y articulación con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad.
- Voluntarios que sostienen el día a día, desde la cocina hasta la escucha.
- Modelo inspirado en la experiencia de organizaciones de Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, tras una visita de trabajo de dos días.
“El modelo fue diseñado tras una visita de estudio a Ciudad Oculta, en Buenos Aires, para aprender de organizaciones con mayor trayectoria. Nos llevamos de ahí la convicción de que el bajo umbral no es un punto de llegada, sino el inicio de un camino.”Daniela, coordinadora del parador nocturno de Neuquén
En el interior del refugio rigen reglas de convivencia cuyo cumplimiento es condición para seguir formando parte del espacio, y el acceso es estrictamente voluntario: nadie es llevado a la fuerza ni se le exige documentación para entrar. Esa combinación de reglas claras por dentro y de absoluta libertad para acercarse o no hacerlo es, según coinciden los trabajadores del lugar, lo que permite que muchos que rechazaban otros dispositivos terminen aceptando este. La expectativa, de acá en adelante, es que la primavera no sea el final de la experiencia sino el comienzo de otra etapa: la de pensar, como repiten en el equipo, no solo en dónde duerme esta noche cada persona, sino en cómo puede llegar a vivir dentro de seis meses.
Vuelvo a la imagen del principio: la vereda de la Catedral María Auxiliadora, las siluetas que esperan, las frazadas, las mochilas. Dentro de un rato el traslado las llevará al parador, y mañana, cuando la ciudad se despierte con un sol tibio y los almendros en flor, ellas seguirán teniendo un lugar. No es poca cosa en un país donde, muchas veces, lo único que se ofrece a quien vive en la calle es el cambio de estación.
