Entre formol y cámara: el retrato íntimo de un conservador de cadáveres valenciano
Filmado en 1981, el documental de García del Val siguió la rutina de un hombre que trabaja con la muerte y terminó convertido en objeto de culto.
Imaginate un ambiente cargado de olor a formol, con mesadas frías y cuerpos que ya no necesitan nada de nadie. Así empieza, en la memoria de quien se acerca a «Cada ver es...», una película que nació dentro de una morgue universitaria y que durante años sobrevivió casi en silencio, como si el tema mismo la empujara a los márgenes.
Ángel García del Val la rodó en 1981 siguiendo a Juan Espada del Coso, conservador de cadáveres en la Facultad de Medicina de Valencia. Era un hombre con 24 dioptrías y sin olfato, que pasaba sus jornadas entre formol, tejidos en descomposición y cuerpos seccionados para uso didáctico.
Un filme sin salas ni estreno comercial
La Dirección General de Cinematografía lo calificó con la letra «S», una categoría que el material ubica entre las producciones de destape. A eso se sumó que estaba rodado en 16mm, un formato que lo dejó lejos de los requisitos mínimos para las salas. Así quedó afuera de la distribución convencional y circuló de manera marginal, hasta que el mercado de VHS lo convirtió en un título buscado, con copias regrabadas que llegaron a cotizarse en cinco mil pesetas.
Lo que lo separa de un simple registro médico es la manera en que está armado. Planos fijos de la morgue, golpes de montaje y una música que alterna piezas de Ravel, Holst y Penderecki con silencios incómodos. Esa mezcla, según la nota, oscila entre lo fúnebre y lo cotidiano, y te deja con la sensación de estar mirando algo que no debería ser tan normal y, sin embargo, lo es.
La voz de Espada
“porque hay una cámara detrás de la chica”Juan Espada del Coso, sobre el cine de género
Espada habla de películas de terror con la distancia de quien trabaja con la muerte de verdad. En otro momento describe una cabeza de mujer conservada en formol como «una cabeza muy bien conservada y con un color muy agradecido», y el documental registra esa atención sin subrayarla. Ahí aparece un personaje que el propio filme vuelve complejo, sin necesidad de explicarlo.
- Un oficio que aleja a quien lo ejerce de la vida ordinaria
- La secuencia inicial con internos del centro psiquiátrico de Bétera
- Las personas que quedan fuera del cuadro social
- Qué tipo de trabajos se les asigna a quienes están en los márgenes
Para mí, lo que queda de «Cada ver es...» es la sensación de que hay mucha humanidad en un lugar que casi nadie quiere mirar. Como espectadora, me conmueve que un hombre tan dedicado a los cuerpos aparezca también como alguien desplazado, y que el filme se detenga en eso sin dramatismos.
