Estornudar de alegría: la verdad detrás de un gesto canino que confunde a muchos dueños y por qué no siempre es motivo de alarma
Un sonido breve, a veces repetido, suele disparar el teléfono del veterinario, aunque la mayoría de las veces no hay nada que temer. El adiestrador Tony Silvestre explica cómo diferenciar la emoción de un problema respiratorio real y qué señales concretas hay que mirar antes de preocuparse.
Son las seis de la tarde en una casa del barrio de Belgrano y Mora, una golden retriever de cuatro años, empieza a dar vueltas alrededor de la mesada mientras su dueña prepara la correa. De pronto, un estornudo corto, después otro, y la cola sigue moviéndose como si nada. Su dueña frena lo que está haciendo, mira el celular y duda: ¿llamo al veterinario o sigo con la rutina? Esa escena, multiplicada por miles de hogares argentinos, es el punto de partida de una confusión muy común que el adiestrador canino Tony Silvestre, que trabaja desde hace más de veinte años con familias de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, se encarga de desarmar cada semana.
Para empezar, vale una aclaración que cambia la mirada: el estornudo del perro, en la enorme mayoría de los casos, no es un síntoma clínico sino una forma de comunicación. "Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo", afirma Silvestre, y lo dice con la tranquilidad de quien repitió esa idea cientos de veces en consultorios y en plazas. La base es fisiológica y bastante simple de entender: durante los momentos de alta excitación, como el juego, las caricias prolongadas o la expectativa de salir a pasear, el organismo del perro acumula presión en las vías respiratorias y el estornudo es el mecanismo que usa para liberarla y volver a una respiración cómoda. El propio adiestrador lo resume con una sonrisa: "Si no estornuda, significa que no te quiere".
Cómo confirmar que el estornudo es emocional y no sanitario
La diferencia entre un estornudo por alegría y un estornudo por enfermedad no se mide con el sonido, sino con el resto del cuerpo del animal. Por eso, antes de buscar la guía de síntomas en internet, conviene mirar al perro en su conjunto y prestar atención a una serie de indicadores de bienestar que, cuando están todos presentes, funcionan como una garantía razonable de que no hay nada que temer. Para eso, vale la pena tener a mano esta lista concreta que repito cada vez que un conocido me consulta con cara de preocupación.
- Mirada tranquila y ojos entreabiertos, sin secreciones ni opacidad visible.
- Cola en movimiento natural, sin rigidez ni posición baja sostenida.
- Orejas en posición relajada, no echadas hacia atrás ni en tensión permanente.
- Postura general suelta, sin encorvarse ni temblar de manera sostenida.
- Curiosidad habitual durante los paseos, olfateando y reconociendo el entorno con interés.
- Interacción calmada con otros perros, sin agresividad ni miedo extremo.
- Gesto de recostarse boca arriba y exponer la panza, señal clásica de confianza plena hacia el entorno familiar.
Si todos esos indicadores están presentes en el momento del estornudo, lo más probable es que el perro esté simplemente procesando una emoción intensa, que puede ser alegría por la llegada de su dueño, entusiasmo por el juego o incluso alivio después de una caricia larga. En esos casos, la convivencia sigue exactamente igual y no hay ningún motivo para interrumpir lo que el animal está disfrutando. La veterinaria coincide con esta lectura y aclara que también existen causas externas menores y pasajeros que nada tienen que ver con un cuadro clínico, como el ingreso de agua a las fosas nasales después de un chapuzón en la pileta o de beber agua con muchas ganas. Todo eso forma parte de la vida cotidiana de un perro sano y activo.
Cuándo sí hay que consultar al veterinario sin demora
El escenario cambia, y cambia de manera bastante notoria, cuando los estornudos dejan de ser un hecho aislado y se vuelven frecuentes y repetidos, sobre todo si se combinan con otros síntomas que un dueño atento puede registrar sin necesidad de ser especialista. La recomendación profesional es clara y conviene tenerla presente: si aparecen en conjunto falta de apetito sostenida, decaimiento general, fatiga fuera de lo habitual o respiración agitada incluso en reposo, la consulta con el veterinario deja de ser opcional y pasa a ser imprescindible, porque estamos frente a un cuadro que ya excede la comunicación emocional. También hay que prestar atención a estornudos que surgen sin vínculo aparente con el juego, la emoción o el agua, y que se acompañan de cualquier cambio significativo en el comportamiento o en la rutina de alimentación, algo que un dueño que conoce a su perro percibe rápido.
“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo. Si no estornuda, significa que no te quiere.”Tony Silvestre, adiestrador canino (Ciudad de Buenos Aires)
