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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Garbanzos al horno con tahini: una ensalada templada que se arma en menos de una hora

La receta combina legumbres, zanahoria y verdeo con una salsa de sésamo, limón y salsa de soja. Se sirve tibia y admite hojas verdes, cereales o crackers como guarnición.

Por Valentina VilteTurismo y vinos de altura · · hace 11 d
Garbanzos al horno con tahini: una ensalada templada que se arma en menos de una hora

Te imagino entrando a la cocina con apenas una hora libre y ganas de algo distinto: esta ensalada templada de garbanzos y zanahoria se cocina en el horno mientras vos preparás la salsa en un cuenco aparte. El resultado es un plato con cuerpo, cremoso por el tahini y con un toque tostado que dan los 15 minutos de horno de más. Perfecta para una noche de semana o para lucirte sin complicarte.

Lo que más me gusta de esta preparación es cómo el sésamo aparece dos veces y en formatos distintos: como pasta de tahini dentro del aderezo y como aceite al final, apenas unas gotas que cambian el aroma de todo el conjunto. La mezcla de pimentón, jengibre y orégano le da una base cálida, mientras que el limón y la salsa de soja despiertan el paladar. Es de esas recetas que parecen simples pero tienen capas de gusto.

Cómo se arma paso a paso

La mecánica es muy llevadera. En una fuente para horno ubicás los garbanzos cocidos en el centro y, alrededor, distribuís zanahoria cortada en láminas finas y cebolla de verdeo picada. Condimentás con pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta, agregás dos cucharadas de aceite de oliva y mezclás bien para que todo se impregne.

Llevás la fuente al horno durante 30 minutos, con una pausa a la mitad del tiempo para revolver. Mientras tanto, en un bol chico preparás el aderezo: tahini, jugo de limón, salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. Sumás agua caliente y batís con ganas: al principio parece que se cortó, pero al insistir se emulsiona y queda cremoso y blanquecino. Cuando la fuente sale del horno, volcás el aderezo encima, mezclás y terminás con pimienta negra recién molida y un chorrito de aceite de sésamo.

Con qué servirla

  • Hojas verdes frescas: la opción más ligera, para una cena liviana entre semana.
  • Una porción de cereal cocido (arroz integral, quinoa o cuscús): convierte la ensalada en un plato único contundente.
  • Crackers de semillas: para llevar a la mesa sin cocinar nada más, ideal si la preparás como entrada o para picar.

Un detalle que vale la pena tener en cuenta es que el material original no precisa cantidades exactas de garbanzos ni de verduras, ni la temperatura del horno. Te sugiero arrancar con 400 gramos de garbanzos cocidos, dos zanahorias medianas y dos tallos de verdeo, y probar con 180 grados; si los ves crudos a los 30 minutos, subí un poco la temperatura o estirá la cocción unos minutos más. El tahini, que es pasta de sésamo, se consigue en dietéticas y tiendas de productos árabes o naturales: en la Ciudad de Buenos Aires hay opciones desde los 3000 pesos el frasco de 300 gramos en locales del barrio de Once, y el aceite de sésamo, más concentrado, se usa apenas a gotas porque es muy aromático. Para llegar a esas dietéticas desde el centro porteño, la opción más cómoda es la línea A del subte hasta estación Once o la línea B hasta Pasteur, ambas a pocas cuadras del Once.

Si te copa la idea, una buena excusa para sumar a esta ensalada es una recorrida por alguna feria de productos árabes o un paseo por los barrios donde abundan las dietéticas, como Belgrano o Villa Crespo: te llevás el tahini, el aceite de sésamo y, de paso, inspiración para la próxima receta. La mejor época del año para preparar este tipo de platos templados es el otoño y el invierno, cuando el cuerpo agradece algo que sale del horno y la cocina se llena de aroma a especias; aunque bien servido tibio también funciona perfecto en primavera, cuando todavía refresca a la noche. Sospecho que, una vez que lo pruebes, va a quedar fijo en tu rotación.

VV
Valentina VilteTurismo y vinos de altura

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