Halloween: The Game convierte a Haddonfield en una partida de 20 minutos donde la paciencia vale más que la ametralladora
IllFonic, el estudio detrás de Friday the 13th: The Game, vuelve a poner una máscara legendaria en pantalla con un asimétrico 4v1 que se juega a la sombra, entre vecinos asustados y un contador que nunca perdona.
Volvió el asesino silencioso, y esta vez no viene solo. IllFonic, el estudio que ya se había animado a ponerle joystick a Jason Voorhees en Friday the 13th: The Game, acaba de publicar Halloween: The Game para PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC, y lo que trae bajo el brazo es una vuelta de tuerca al género de los juegos asimétricos que, al menos por unas horas, te hace olvidar el fragor de los shooters y te obliga a pisar despacio, casi sin respirar, como si el living de tu casa fuera Haddonfield un 31 de octubre.
Un pueblo entero en juego
La mecánica central de la propuesta es 4 contra 1, sí, pero la gracia está en lo que pasa alrededor de esos cinco jugadores. Cuatro supervivientes deben recorrer el vecindario, golpear puertas, advertir a los vecinos controlados por la inteligencia artificial, entregarles armas, esconderlos o escoltarlos hacia alguna salida antes de que se agote un reloj interno de 20 minutos. Y acá viene el detalle que rompe el molde: la partida se gana igual aunque caigan uno, dos o tres supervivientes, siempre y cuando la mayoría de los civiles haya logrado escapar. Es un giro de tuerca elegante, porque te obliga a pensar menos en tu pellejo y más en el del prójimo, algo bastante raro en un género acostumbrado a la supervivencia individual a ultranza.
Los cuatro atributos que definen a cada superviviente
- Atletismo: velocidad de movimiento.
- Personalidad: eficacia para convencer vecinos y coordinar llamadas a la policía.
- Ingenio: reparación de vehículos y uso de armas de fuego.
- Capacidad: resistencia y daño cuerpo a cuerpo.
Dentro de ese reparto, Laurie Strode, la protagonista del filme original, llega con un perfil que favorece el sigilo: como habilidad pasiva, le saca un diez por ciento extra al tiempo durante el cual Michael Myers queda aturdido cuando ella consigue derribarlo. Un pequeño porcentaje que, en una partida de cuatro contra uno, puede cambiar el rumbo de los últimos tres minutos de reloj.
Morir no es mirar: el rol del Dr. Loomis
Otro acierto que vale la pena destacar es qué pasa cuando te eliminan. En la mayoría de los asimétricos, morirse es convertirse en espectador pasmado hasta el final de la ronda. Acá no: el jugador cae y reaparece como agente de policía, o, bajo condiciones específicas, como el Dr. Samuel Loomis, con la posibilidad de dispararle a Myers y de coordinar al grupo para contenerlo. Es decir, hasta el momento de tu última respiración seguís siendo útil, algo que el film original también planteaba con esa famosa terapia entre Sam Loomis y su paciente más peligroso.
Myers también cambió las reglas: acechar, no correr
Del otro lado del mostrador, ponerse en la máscara de Michael Myers deja en claro un mensaje sin palabras: acá se premia la paciencia, no la ametralladora. Acechar a las víctimas desde lejos, mantenerlas en cuadro sin ser visto, va cargando una barra que habilita ejecuciones ambientales y que dispara un estado de mayor poder. A eso se suma el Shape Jump, una mecánica que le permite al personaje desaparecer en zonas oscuras y reaparecer en otro punto del mapa donde los supervivientes no tengan visión directa, sin necesidad de correr. El sprint deliberado, justamente, queda penalizado: el juego desalienta el juego agresivo y obliga al Shape a moverse como se mueve en las películas, con esa cadencia lenta y ominosa que ya es marca registrada.
El sistema de progresión se organiza en árboles de habilidades desbloqueables para ambos bandos, con cartas de distintas rarezas gestionadas desde un menú al que todavía falta ver cuánto contenido va a sumar con el paso de los parches, porque en estos títulos la diferencia entre una comunidad viva y un páramo la marca justamente la rotación de temporadas y los desbloqueables cosméticos.
Yo vengo de jugarlo durante un rato largo y, les confieso, me fui con una sensación rara: la de haber pasado más minutos mirando una puerta entreabierta que disparando. En un mercado saturado de shooters y battle royales, que un estudio se tome el trabajo de convertir el sigilo de Michael Myers en mecánica central, y no en un simple accesorio, es una declaración de principios que, como fan de la saga original de John Carpenter, celebro con las dos manos. Habrá que ver cómo envejecen las colas de matchmaking y si IllFonic sostiene el ritmo de actualizaciones, pero el primer paso está dado: Haddonfield, otra vez, está viva.
