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Miércoles, 4 de noviembre de 2026
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Lo que suma y lo que resta en el ánimo de los chicos: qué dicen dos estudios con más de 20.000 adolescentes

Una investigación en Australia y otra en Canadá vincularon el consumo de fruta con menos síntomas de depresión y ansiedad, y las bebidas azucaradas con más malestar emocional.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 1 h
Lo que suma y lo que resta en el ánimo de los chicos: qué dicen dos estudios con más de 20.000 adolescentes

Hay preguntas que todas las familias se hacen en algún momento, sobre todo cuando un adolescente se muestra apagado o inquieto sin una razón aparente: qué lugar ocupa la comida en todo esto. Dos investigaciones recientes, una realizada en Australia y otra en Canadá, reunieron a más de 20.000 estudiantes secundarios y encontraron una correlación entre los hábitos alimentarios y el estado emocional. Los datos no prometen soluciones mágicas, pero aportan una pista concreta sobre algo que sí se puede modificar en la vida diaria.

Qué midió el estudio australiano

Un equipo de la Universidad de Sídney, liderado por Lily Davidson, siguió durante cuatro años a 6.537 estudiantes de 71 colegios de Nueva Gales del Sur, Queensland y Australia Occidental. Los chicos tenían en promedio 12 años y medio al empezar y fueron encuestados todos los años, desde séptimo hasta décimo grado. Para aislar el efecto de la alimentación, los investigadores dejaron afuera a quienes ya mostraban signos marcados de malestar al comienzo y ajustaron los resultados por edad, sexo, nivel socioeconómico y actividad física. Los hallazgos se publicaron en la revista Child and Adolescent Mental Health.

Según el trabajo, cada porción diaria adicional de fruta se asoció con un 13% menos de síntomas de depresión y con un 7% menos de ansiedad. El consumo habitual de los participantes rondaba entre dos y dos porciones y media por día.

El otro lado de la mesa: bebidas azucaradas

El mismo estudio detectó el efecto contrario con las bebidas azucaradas. Las gaseosas, los jugos envasados y las bebidas energéticas o deportivas consumidas con frecuencia se asociaron con mayor probabilidad de desánimo persistente y de estados de inquietud, y ese efecto fue más pronunciado en los varones.

En Canadá, una investigación paralela publicada en Preventing Chronic Disease, la revista de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, analizó a 13.887 adolescentes y encontró el mismo patrón. Donde había más frutas y verduras frescas hubo mejor bienestar, y los refrescos endulzados se relacionaron con cuadros de malestar más agudos.

Lo que los investigadores aclaran

  • Los registros describen tendencias generales, no relaciones de causa y efecto.
  • Comer una fruta no resuelve por sí solo un problema de salud mental.
  • El estado emocional también depende de factores genéticos, sociales y afectivos.
  • La alimentación cotidiana es un hábito concreto y modificable que puede sumarse como medida de prevención.

Davidson fue clara en ese punto: la nutrición no reemplaza la atención clínica cuando un chico la necesita. Pero sí es un terreno en el que familias y escuelas pueden trabajar juntas, sin dramatismos y con pasos chicos. Desde la fisiología, el material consultado señala que los alimentos con alto contenido de azúcares refinados generan picos de glucosa en sangre, un fenómeno que los especialistas vinculan con procesos inflamatorios, aunque la explicación completa de ese mecanismo no llega a desarrollarse en el texto de base.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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