Los libros como trinchera: la nueva "Carrie" que se cuenta a través de lo que lee
La serie que reimagina al personaje creado por Stephen King convierte a la lectura en el motor del despertar de su protagonista, con guiños a "El Exorcista" que enlazan con el próximo film de su propio director.
Me acuerdo perfecto de la primera vez que abrí un libro a escondidas, con esa mezcla de culpa y vértigo que solo entiende quien creció en una casa donde leer estaba mal visto. Por eso, cuando me senté a ver la nueva serie de "Carrie" —sí, otra vez Carrie White, otra vez el bullying, otra vez el balde de sangre—, lo que me terminó fascinando no fue el terror sino algo mucho más silencioso: ver a una pibe criada en un bunker religioso descubrir, página a página, que el mundo es otra cosa de lo que le contaron. Y eso, para mí, es lo más lindo que tiene esta adaptación.
La plataforma que la estrenó viene pisando fuerte con adaptaciones de Stephen King —no hace falta ser un Sherlock Holmes para notar que el material de base ya tiene un largo recorrido en cine y TV— y esta vez tomó una decisión inteligente: en lugar de competir contra la película de 1976 con Sissy Spacek o contra la versión de 2013 con Chloë Grace Moretz, decidió correrse del centro y mirar a Carrie desde otro lugar. La novela de 1974 como materia prima, sí, pero con la cámara puesta en lo que la nena lee cuando nadie la mira.
La biblioteca como primera gran escena
Hay una imagen que me parece que los guionistas trabajaron con mucho cariño y que a mí, particularmente, me dio escalofríos: la chica —interpretada por Summer H. Howell— cruzando por primera vez la puerta de una biblioteca escolar. Es el segundo episodio y la criatura viene de ser educada en casa por una madre que le censuró hasta el diccionario. Pisar ese lugar es, para ella, casi un acto de fuga. Y el orientador Peter Morton, al que el siempre querible Tim Bagley le pone esa ternura medio despistada que el actor sabe regalar, la deja sola entre los estantes. Ufff. Desde acá les digo: si alguna vez tuvieron un bibliotecario o una maestra que les cambió la vida, van a sentir este escena en el estómago.
Pero lo más jugoso viene cuando Carrie elige cinco libros, uno tras otro, como quien arma un arsenal. La selección no es caprichosa ni decorativa: cada título fue alguna vez cuestionado, retirado o directamente prohibido en escuelas de Estados Unidos por tratar temas incómodos como la sexualidad, el racismo, la locura o la rebeldía contra la autoridad. Es decir, exactamente todo lo que su madre —Margaret White, a quien Samantha Sloyan le pone una austeridad franciscana que da miedo— no quiere que su hija sepa que existe.
- "El cuento de la criada" (Margaret Atwood): un futuro donde las mujeres son propiedad del Estado. La distopía como espejo de cualquier casa donde se controla el cuerpo ajeno.
- "Alguien voló sobre el nido del cuco" (Ken Kesey): un manicomio como metáfora de cualquier sistema que decide quién está loco y quién no.
- "Sé por qué canta el pájaro enjaulado" (Maya Angelou): el encierro y la voz propia. Probablemente el más autobiográfico de los cinco.
- "Buscando a Alaska" (John Green): la primera vez que alguien se enamora y se rompe el corazón al mismo tiempo.
- "Anoche en el Telegraph Club" (Malinda Lo): dos pibas que se descubren en los años cincuenta. La diversidad sexual como rebelión pura.
El guiño escondido a "El Exorcista"
Ahora, si me permiten, vamos al detalle que a mí me hizo pegar un grito en el sillón. Alrededor del minuto 31 del segundo episodio, mientras Carrie está parada en la biblioteca eligiendo sus libros con la meticulosidad de quien selecciona armas, hay otro personaje de fondo —una estudiante más, una extra con libro— que aparece leyendo, muy campante, "El Exorcista". Nadie le da bola. Nadie lo señala. Pero está ahí, plantado en el cuadro como un guiño a los que prestamos atención a estas cosas.
¿Por qué importa ese libro y no, digamos, un Corín Tellado? Porque el director de la serie tiene en plena producción "El Exorcista: Mártires", una nueva entrega de la franquicia con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor, que tiene previsto llegar a las salas de cine en marzo de 2027. O sea: el mismo realizador que está contando esta historia de Carrie es el que va a contar la próxima historia de Regan. Y lo deja dicho al pasar, sin cartelitos luminosos, sin explicar nada. Eso, para los que consumimos estas_series con lupa, es prácticamente una declaración de amor al oficio.
“¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?”"El pajarito blanco", de J. M. Barrie (citado por Carrie en su primer día de clases)
Esa frase la suelta Carrie en el primer episodio cuando intenta hacer amigos citando a J. M. Barrie. Y nadie la entiende. Otra vez la literatura como código que no funciona en el mundo real. Pero a mí, que ya peino algunas canas y llevo encima varias décadas de leer compulsivamente, me sirve para cerrar esta nota con una pequeña opinión en primera persona: a veces siento que las mejores series que se están haciendo hoy no son las que más presupuesto tienen ni las que más ruido hacen en las redes, sino las que se toman el trabajo de confiar en que el público es capaz de leer, mirar y recordar. "Carrie" les exige a sus espectadores que reconozcan libros, que entiendan por qué esos libros fueron quemados en algún pueblo de Arkansas en 1985 y que, de paso, pesquen un guiño al director sobre su próximo proyecto. Es una TV que pide partnership, no consumo pasivo. Y en tiempos de dopamina rápida y scrolls infinitos, eso me parece un acto casi de resistencia.
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