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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Los Pistons van por la revancha: blindan el núcleo y le meten fuego al perímetro

Detroit apostó todo a Cunningham: renovó a Duren y Thompson, sumó a Collins, Joe y Huerter y ahora necesita que alguien le saque la pelota cuando lo marquen con dos. La temporada 60-22 terminó en el vacío de las semifinales ante Cleveland y el equipo quiere demostrar que aquello no fue casualidad.

Por Rodrigo AparicioDeportes · · hace 15 h
Los Pistons van por la revancha: blindan el núcleo y le meten fuego al perímetro

Lo vi a Cunningham el año pasado en el garage de un amigo, en una pantalla chica y con el audio bajo, y algo me quedó: ese pibe no corre, lee. Lee el partido como si tuviera un manual abierto en la cabeza. Por eso Detroit no se movió. Después de una temporada regular de 60 victorias, primera colocación en el Este y un cachetazo en semifinales del conference contra Cleveland en siete juegos, la franquicia decidió que el plan ya estaba escrito y solo faltaba ajustar los bordes.

El núcleo se queda y se ata con cifras

La primera decisión fue clara: Jalen Duren y Ausar Thompson firmaron extensiones de contrato que los plantan como pilares junto a Cunningham. Tres pibes, mismos códigos, una base interna que ya está. A Duren lo conozco desde su paso por la NCAA y siempre tuve la sensación de que en Detroit le iban a sacar el jugo: atlético, inteligente en el rebote, con manos suaves en el aro. Thompson, en cambio, todavía no termina de mostrar la versión ofensiva que algunos le imaginan; por ahora el crédito lo carga desde la defensa.

A eso hay que sumarle la llegada de John Collins para reemplazar lo que dejó Tobias Harris en el frontcourt, y las incorporaciones de Isaiah Joe y Kevin Huerter como tiradores de rol. La intención se huele a kilómetros: abrir la cancha, estirar la defensa y, sobre todo, evitar que cada rival le mande dos marcas al base en el pick and roll. Cuando Cunningham tiene la pelota, Detroit ataca. Cuando no la tiene, Detroit se desinfló el año pasado, y eso no puede volver a pasar.

  • Duren y Thompson renovados: el eje interno queda blindado hasta nuevo aviso.
  • John Collins arriba para ocupar el lugar de Tobias Harris y sumar volumen ofensivo.
  • Isaiah Joe y Kevin Huerter llegan para inyectar tiro exterior y liberar a Cunningham.
  • El gran interrogante: quién maneja la orquesta cuando el base estrella se va al banco.

El banco, esa zona gris

El cuerpo técnico de J.B. Bickerstaff se topa con el mismo problema que persigue a cualquier equipo construido alrededor de una figura: la segunda opción creadora. Si Cunningham descansa o queda atrapado por una trampa, ¿quién sostiene el ritmo? Ahí aparece la evolución de Thompson como la variable interna más jugosa. Hasta ahora su aporte fue mayormente en el lado oscuro del rectángulo: conexiones pérdidas, presión al base rival, robos de pelotas quietas. Si le suman una lectura de pase y un jump shot potable, el techo del equipo sube varios escalones.

Porque la dupla Duren-Thompson debajo del aro da garantías en defensa y salto, pero también deja un hueco: ninguno de los dos estira la cancha desde el triple. Las defensas inteligentes ya saben cómo cerrar ese pasillo. Por eso la efectividad de Joe y Huerter no es un detalle menor: si fallan, los rivales se acomodan adentro y le quitan aire al aro. Si aciertan, Cunningham respira, las líneas de pase se abren y Detroit vuelve a parecerse a aquel equipo que ganó 60 partidos.

El mercado de pases está cerrado y el plantel ya tiene cara. Los Pistons no salieron a reinventarse: apostaron a que el aprendizaje del año pasado alcanzó y a que los ajustes finos bastan. Lo que viene es la parte más brava del deporte profesional: confirmar. Nadie en la liga te da crédito por una temporada regular brillante si después te vas en silencio. Cunningham lo sabe, el cuerpo técnico lo sabe y, me animo a decir, hasta el último hincha de los Pistons que vio cómo se les escapó la serie ante Cleveland lo sabe. El próximo partido, en algún estadio del Este, va a marcar si este grupo ya dejó de prometer y empezó a cumplir.

RA

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