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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Medicamentos para la obesidad: por qué el tratamiento no termina cuando se baja de peso y qué controles recomiendan los especialistas

La semaglutida y la tirzepatida imitan señales del intestino que regulan el hambre y la saciedad, pero su uso requiere evaluación médica, ajustes de dosis y un acompañamiento integral que incluya alimentación, movimiento y descanso.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 24 d
Medicamentos para la obesidad: por qué el tratamiento no termina cuando se baja de peso y qué controles recomiendan los especialistas

En el consultorio de Nutrición Clínica del Hospital de Clínicas, en la Ciudad de Buenos Aires, Pilar Quevedo recibe cada semana a personas que llegan con una expectativa muy concreta: bajar de peso. Lo que encuentra, dice, es bastante más complejo que eso. La médica, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo de ese hospital dependiente de la Universidad de Buenos Aires, describe escenas cotidianas en las que aparecen el hambre que no se apaga, la dificultad para sentirse satisfecho después de comer y la costumbre de picotear alimentos a lo largo del día. Esas experiencias, advierte, forman parte de una enfermedad que no se explica solamente por la voluntad individual.

Cómo actúan la semaglutida y la tirzepatida

Las dos drogas que más se mencionan en los últimos años son la semaglutida y la tirzepatida, y su mecanismo, según Quevedo, tiene una lógica muy concreta: reproducen señales que el intestino genera de manera natural y que dialogan con el cerebro, el estómago y el páncreas. La semaglutida actúa sobre un receptor específico vinculado a la saciedad, mientras que la tirzepatida interviene sobre dos vías complementarias, lo que amplía su efecto. En la práctica, eso se traduce en una reducción del apetito y en una sensación de plenitud más temprana al comer, además de un mejor control metabólico relacionado con la diabetes.

“Son frecuentes los relatos de hambre intensa, dificultad para sentirse satisfecho y consumo de alimentos entre comidas. Esas experiencias forman parte de una enfermedad multifactural y no pueden explicarse solamente por la voluntad individual.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA
  • Evaluación médica inicial para definir si el tratamiento farmacológico es adecuado.
  • Ajustes graduales de dosis, un proceso que los especialistas llaman titulación.
  • Controles periódicos para observar la respuesta al medicamento y sus posibles efectos.
  • Seguimiento de la composición corporal, con especial cuidado de preservar la masa muscular.
  • Incorporación de ejercicio, preferentemente con trabajo de fuerza y actividad cardiovascular.
  • Acompañamiento con alimentación, hidratación, descanso y apoyo profesional.
  • Consideración del entorno familiar y laboral al momento de sostener los cambios de hábitos.

El desafío de sostener el peso perdido

Quevedo también remarca algo que suele quedar fuera de la conversación: cuando alguien adelgaza, el organismo puede activar mecanismos que empujan a recuperar los kilos perdidos. En ese punto, los medicamentos cumplen un rol, porque ayudan a sostener el descenso durante el período que los profesionales indican. La advertencia, sin embargo, es clara: si se suspende el fármaco sin una estrategia integral que lo acompañe, puede producirse una recurrencia. Por eso la médica insiste en que el tratamiento no se agota en la receta, sino que exige un abordaje que contemple la alimentación, el movimiento, el descanso y el acompañamiento profesional a lo largo del tiempo. En el consultorio del Clínicas, la escena vuelve a repetirse: pacientes que llegan con la esperanza de una solución rápida y se encuentran con un proceso que, como dice Quevedo, se mide en meses y en hábitos autant como en kilos.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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