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Lunes, 2 de noviembre de 2026
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Un portazo caro en Guayaquil: la cancha mojada le costó a Ugo Carabelli más que el partido

El argentino dejó la cancha con el 5-5 en el primer set, alegando el mal estado del court tras las lluvias. La ATP lo descalificó, le quitó puntos y premios, y el comité de disciplina evalúa multas extra.

Por Rodrigo AparicioDeportes · · hace 1 h
Un portazo caro en Guayaquil: la cancha mojada le costó a Ugo Carabelli más que el partido

Se lo vio recoger sus cosas, cruzar unas palabras con el juez de silla y caminar hacia los vestuarios con la cabeza gacha. Así terminó el partido de cuartos de final entre Camilo Ugo Carabelli y el brasileño Joao Lucas Reis da Silva en el Challenger de Guayaquil, con el marcador 5-5 en el primer set.

El torneo ya venía golpeado por las lluvias de los días anteriores, y el argentino sostuvo que el court estaba en tan malas condiciones que no había forma de jugar. No es un reclamo menor: cuando la cancha no ofrece garantías, el jugador queda con las manos atadas.

“Está horrible la cancha. No se puede jugar. Todo el día acá.”Camilo Ugo Carabelli, al juez de silla

Lo que vino después

El público respondió con una silbatina mientras el tenista salía del predio. La supervisión del torneo resolvió descalificarlo por default en el acto, y eso le dio el pase automático a las semifinales a Reis da Silva. Una decisión rápida, sin vueltas, que dejó al argentino afuera de la definición.

  • Pérdida de los 12 puntos de ranking que había sumado al llegar a cuartos de final.
  • Retiro de los 3.095 dólares en premios acumulados hasta ese momento.
  • Posible multa adicional: el comité de disciplina analiza sanciones económicas.
  • El Código de Conducta de la ATP prevé multas de entre 3.000 y 5.000 dólares por abandonar el área de juego sin autorización.

La discusión de fondo

Lo que pasó en Guayaquil pone sobre la mesa un debate que aparece una y otra vez en los Challenger: qué pasa cuando el clima le gana a la programación y las condiciones de juego no están a la altura. Hasta dónde se puede protestar, y cuándo una queja se transforma en un castigo que duele en el bolsillo, es una pregunta que sigue sin respuesta sencilla.

RA

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