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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una cifra que no avisa: casi cuatro de cada diez argentinos conviven con la hipertensión sin saberlo

Medirse la presión de manera periódica permite detectar una condición que suele pasar inadvertida y puede provocar complicaciones cardiovasculares. En la Argentina, casi cuatro de cada diez personas con hipertensión desconocen que la tienen. Los controles, el tratamiento y los hábitos saludables son parte del cuidado necesario para mantenerla bajo control.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 13 d
Una cifra que no avisa: casi cuatro de cada diez argentinos conviven con la hipertensión sin saberlo

Son las nueve de la mañana y en el centro de salud de barrio ya hay una fila corta de vecinas y vecinos que se acercan al tensiómetro antes de empezar la rutina del día, un gesto chico que a veces marca la diferencia entre vivir tranquilo o enterarse tarde de un problema que estaba creciendo en silencio, y esa imagen la conozco de cerca porque en la última campaña barrial que recorrí con el equipo de la organización comunitaria de Lanús, más de uno me confesó, mientras se sacaba el guardapolvo o apoyaba el brazo en la mesa, que hacía años que no se tomaba la presión o que directamente nunca lo había hecho, así que aproveché para preguntarles qué sabían sobre la hipertensión y casi todos coincidieron en lo mismo: creían que era algo que dolía, que avisaba, que se notaba en el cuerpo, y sin embargo la realidad que muestran los números argentinos dice exactamente lo contrario.

La hipertensión es una de esas condiciones que avanza sin dar señales claras en sus primeras etapas, de manera que esperar a que aparezca algún síntoma es, en los hechos, dejar la puerta abierta para que el problema se instale sin ser detectado, y por eso los profesionales insisten en algo tan sencillo como medirse la presión de manera periódica, un procedimiento que no produce dolor, que demanda pocos minutos y que sirve sobre todo para conocer un dato que el cuerpo muchas veces no refleja en cómo se siente una persona, porque la ausencia de malestar no permite saber si los valores están bajo control: para saberlo, hace falta medirlos, y esa es la primera gran barrera cultural que aparece en la consulta, como me lo había explicado Laura, enfermera del centro de salud de Remedios de Escalada, cuando le pregunté por qué insistía tanto con el tensiómetro incluso con quienes llegaban por otros motivos.

Las cifras en la Argentina y en el mundo

La necesidad de incorporar estos cuidados se refleja con bastante claridad en los datos locales: el Registro Nacional de Hipertensión Arterial indica que el 36,3 por ciento de los adultos mayores de 18 años tiene esta condición en la Argentina, lo que traducido a personas significa cerca de 12 millones, y de ese total casi cuatro de cada diez desconocen su diagnóstico, una proporción enorme si se piensa que se trata de una enfermedad que se detecta con un brazalete y un par de minutos.

  • El 36,3 por ciento de los adultos argentinos mayores de 18 años tiene hipertensión, según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial.
  • Casi cuatro de cada diez personas hipertensas en el país desconocen que lo son.
  • Apenas alrededor del 44 por ciento de quienes reciben tratamiento mantiene sus valores controlados.
  • En el mundo, 1.400 millones de adultos viven con presión elevada, según el segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025.
  • Solo uno de cada cinco hipertensos en el planeta tiene la presión controlada.

A esa dificultad para detectar el problema se suma otra que preocupa a los equipos de salud: entre quienes ya están en tratamiento, apenas alrededor del 44 por ciento mantiene sus valores controlados, de modo que detectar la hipertensión y conseguir que la presión se mantenga en niveles adecuados son, en la práctica, dos batallas distintas que hay que pelear a la vez, y por eso el seguimiento periódico se vuelve tan importante como la primera medición, porque no alcanza con saber que uno es hipertenso: hay que acompañar el tratamiento con controles, con la alimentación, con el movimiento y con el manejo del estrés crónico, esos cuatro pilares que los cardiólogos repiten en cada charla y que en la consulta barrial suenan menos a indicación médica y más a una forma cotidiana de cuidarse.

El alcance del problema, además, excede largamente las fronteras argentinas y se vuelve todavía más preocupante cuando se mira con perspectiva global, ya que el segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, señala que 1.400 millones de adultos viven con presión elevada en el planeta y que solo uno de cada cinco la tiene controlada, una fotografía que muestra que esta no es una preocupación local sino un desafío de salud pública compartido, y que también explica por qué la comunidad médica internacional insiste en instalar la medición periódica como un hábito tan natural como pesarse o controlarse la glucemia.

Con el tiempo, la hipertensión puede deteriorar las arterias y afectar órganos vitales, con consecuencias tan serias como los infartos y los accidentes cerebrovasculares, que suelen aparecer de un día para el otro y cambian la vida de una familia entera, por eso los controles periódicos permiten reconocer una condición que puede avanzar sin señales claras y forman parte de la prevención de esas complicaciones, una prevención que empieza en la sala de espera del centro de salud, en el brazo extendido sobre la mesa, en la pregunta de la enfermera, y también en la decisión personal de cada uno de tomarse la presión aunque no duela nada, aunque uno se sienta bien, aunque parezca que no hace falta.

Vuelvo a la imagen de aquella mañana en Lanús, a la cola corta del centro de salud, a la vecina que se subió la manga con un gesto medio desconfiado y terminó sorprendida cuando le dije el número, y me quedo con la idea de que la hipertensión no avisa pero se puede descubrir a tiempo, y que cada medición periódica es, en definitiva, una manera concreta de cuidarse la vida, así que la pregunta que me llevo a casa y que les dejo a quienes estén leyendo es bastante directa y a la vez enorme: qué lugar tienen los controles de presión en su propia rutina de cuidado, porque detrás de ese número que aparece en el tensiómetro hay mucho más que una cifra, hay una decisión que se repite en el tiempo y que puede cambiar el resto de los años.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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