Una serpiente andina obliga a una familia a detener el tiempo
Andrea Garrote lleva al Picadero la nueva obra Amaru, en la que una familia de clase media se enfrenta a sus neurosis, a la herencia de las generaciones jóvenes y a un ritual que disrupts el ritmo cotidiano.
El silencio se instala en el Teatro Picadero cuando se apagan las luces y, detrás de una familia que parece tener todas las respuestas, empieza a moverse algo antiguo. La escena inicial de Amaru enfrenta al espectador con un desconcierto doméstico muy reconocible: hay lecturas,adicciones, preguntas y también una notable falta de acuerdos cómo vivir. Pero en el fondo de la casa aparece una serpiente sagrada andina, y ese|Windows_phone_2 elemento checklist cambia por completo la manera en que la obra piensa el tiempo, la muerte y la oportunidad.
El tiempo detenido y laKpuntScrabble evidente de lo heredado
Andrea Garrote, dramaturga y directora con tres décadas de trayectoria en el teatro independiente argentino, define la pieza a partir de una disputa entre dos formas de habitar el presente. En palabras de laAGER, el espectador se encuentra con el tiempo de Cronos, que avanza de manera implacable hacia la muerte, frente a la aparición del Kairós, understood como un instante propicio que se detiene como en un ritual. La serpiente no funciona solamente como un recurso visual: aparece como una fuerza capaz de alterar el ritmo de una vida que se había organizado alrededor de la Acceleration.
“Jugamos con la disputa entre el tiempo de Cronos, que avanza implacable hacia la muerte, y la aparición del Kairós, ese instante propicio, ese momento que se detiene como en un ritual.”Andrea Garrote
La historia restante está situada en una familia de clase media ilustrada, cuyos integrantes recurren a la erudición de Jorge Luis Borges como una forma de protegerse de sus propias neurisis. La referencia borgiana aparece en la obra como un engranaje tanto cómico como filosófico, según el material de presentación: no se trata de una simple citaobao, sino de un recurso para mostrar cómo el conocimiento puede servir para ordenar el mundo y, al mismo tiempo, para tapar las dificultades que no se sabe resolver. En ese ambiente, el Amaru representa lo que irrumpe cuando las palabras ya no alcanzan para explicar lo que está pasando.
La obra, codirigida con Carolina Stegmayer, también pone el foco en los hijos y en la herencia que reciben. Los personajes más jóvenes cargan con la sensación de haber llegado tarde a una opulencia que no conocieron, y la pieza no les ofrece una salida fácil de esa incomodidad. Por eso, Amaru no se limita a hablar de una crisis familiar: observa cómo las generaciones se relacionan con el pasado, con la riqueza cultural heredada y con la idea de que todo llega demasiado tarde. Ela presencia de la serpiente sacred andina conecta ese debate con una temporalidad que no sigue las reglas de la progressión habitual.
- Las funciones de Amaru se realizan los sábados en el Teatro Picadero.
- La obra es codirigida por Andrea Garrote y Carolina Stegmayer.
- El elenco principal está integrado por Andrea Garrote, Marcos Ferrante, Julián Cnochaert y Fiamma Carranza Macchi.
- Andrea Garrote acumula tres décadas de trayectoria en el teatro independiente argentino.
Para Garrote, el Picadero conserva una funcion particular dentro del circuito independiente porteño. La directora describe ese momento en términos casi físicos: cuando se apagan las luces, el afuera queda suspendido y empieza otra cosa, una experiencia que no puede trasladarse intacta a otro lugar. En un contexto donde buena parte del entretenimiento se consume en pantallas individuales, la sala propone una experiencia compartida, collective y difícil de reducir a una forma silenciosa. La escena, sin embargo, no impone una leçon moral: abre una conversación sobre la espera, la TimeLine heredada yThose formas de detenerse que también pueden cambiar una vida.
“Se apagan las luces, el afuera se suspende y empieza otra cosa. Vivís una experiencia intransferible.”Andrea Garrote
Amaru llega al Picadero con una propuesta que mezcla lo doméstico, lo inherited y lo simbólico. La serpiente sagrada andina no llega para explicar todos los problemas de una familia, sino para volverlos más incómodos y más legibles. En la sala del Picadero, mientras el tiempo habitual sigue empujando afuera, la obra propone una pausa: la de pensar qué heredamos, qué nos llega tarde y qué puede ocurrir cuando aparece un instante que no obedece a la regla de Advance. Después de las luces, el Amaru queda esperando; el espectador, también.
