Rastrear al puma en la nieve: tres días de safari silencioso desde Perito Moreno
Salidas de madrugada, huellas en la estepa blanca y la posibilidad de cruzarse con el felino más grande de la Patagonia. Un viaje al corazón del invierno santacruceño, con base en un pueblo que es mucho más que la ruta de acceso al glaciar homónimo.
Te imagino en Perito Moreno, sobre el asfalto helado de la ruta nacional 40, con el termo en la mano y los guantes todavía sin poner. Afuera, la térmica marca varios grados bajo cero y el cielo empieza a aclarar en un violeta que todavía no es de día. En cinco minutos arranca la camioneta y empieza la búsqueda del puma, el gran protagonista silencioso de la estepa patagónica en invierno.
Por qué la nieve es la mejor aliada del rastreo
La ciudad de Perito Moreno funciona como cabecera de excursiones de tres días orientadas al rastreo de pumas en plena estepa, en sectores cercanos a campos privados y al Parque Patagonia Argentina. Las salidas son de madrugada, antes del amanecer, y se extienden por quebradas, cañadones y mesetas donde el frío lo ordena todo. En esta época del año, el paisaje cubierto de nieve hasta las rodillas se vuelve una hoja en blanco sobre la que las huellas quedan marcadas con una nitidez asombrosa. La del puma es redondeada, con una almohadilla en forma de pentágono y sin marcas de uñas, porque el animal las retrae al caminar. La pata delantera es más grande que la trasera, un detalle que los guías leen como un libro abierto.
- La agitación de guanacos y choiques, que se mueven nerviosos ante la presencia del felino.
- Las huellas frescas en la nieve, que marcan dirección, tamaño y ritmo de la marcha.
- El vuelo de caranchos o cóndores que convergen sobre un punto, atraídos por una posible presa.
- Los restos de guanacos o liebres parcialmente cubiertos con tierra y vegetación, señal inequívoca de una comída reciente.
Cuando aparece alguna de estas señales, el grupo se detiene y se instala en posiciones elevadas con binoculares. Ahí, quieto, con el aire cortándote la cara, es cuando empieza la parte más tensay más hermosa del safari: la espera. El avistaje no está garantizado, pero el proceso de búsqueda, esa mezcla de paciencia, lectura del paisaje y trabajo en equipo con los guías, es el verdadero premio.
El felino que no ruge y cumple un rol clave
El puma adulto macho pesa entre 55 y 80 kilos; la hembra, entre 30 y 60. A diferencia de los grandes felinos de África y Asia, no ruge: se comunica con ronroneos, gruñidos y silbidos, un detalle que sorprende a quien espera el clásico rugido de película. Puede saltar hasta cinco metros en vertical y más de diez en horizontal, y es de hábitos principalmente crepusculares y nocturnos, solitario y muy territorial. En la Patagonia su dieta se basa en guanacos, choiques y liebres, y cumple un rol fundamental como depredador tope: regula las poblaciones de herbívoros y mantiene equilibrado el ecosistema de la estepa. Verlo de lejos, si corrés con suerte, es entender por qué este animal tiene tanto peso simbólico en la cultura del sur.
Más allá del puma: la fauna y los pueblos cercanos
Aunque el puma es la estrella, el recorrido por la estepa regala muchísimo más. En el camino es habitual cruzarse con guanacos, zorros colorado y gris, piche patagónico y zorrino, mientras que en el cielo sobrevuelan cóndores andinos, choiques y flamencos. El área registra más de 120 especies de aves, lo que convierte a cada jornada en una sucesión de avistajes. Si te sobra un día, vale la pena pegar una vuelta por Los Antiguos, un pueblo a pocos kilómetros que vive de la cereza y la frutilla gracias a un microclama de valle, y donde los productores abren las tranqueras para vender fruta de estación. Al sur queda el Parque Provincial Cueva de las Manos, con sus pinturas rupestres Patrimonio de la Humanidad, un complemento cultural perfecto para cerrar el viaje antes de volver.
Para llegar tenés que volar a El Calafate o Comodoro Rivadavia y desde allí combinar remis o_transfer en bus hasta Perito Moreno, unas seis horas por rutas que conviene encarar de día. Las excursiones de rastreo se comercializan en paquetes cerrados de tres días con pensión completa, alojamiento en la localidad y transporte en camionetas 4x4 adaptadas al invierno, con valores que arrancan cerca de los 350 mil pesos por persona y pueden escalar según el nivel de servicio. Te recomiendo consultar con la Cooperativa de Guías Locales de Perito Moreno, que trabaja con guardafaunas y baqueanos del Parque Patagonia y maneja grupos reducidos. La mejor época para ir es de junio a septiembre, cuando la nieve asegura el rastreo pero todavía hay horas de luz suficientes para moverse por la estepa sin exponerse de noche. Eso sí: cargá ropa térmica, doble par de guantes y un buen cargador de batería para la cámara, porque el frío del sur de Santa Cruz no negocia con nadie.
