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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Las hermanas Owens vuelven, pero la pócima ya no es la misma: regresan Bullock y Kidman casi tres décadas después

La secuela de "Prácticamente magia" reune otra vez a Sandra Bullock y Nicole Kidman como las hermanas Owens. La química sigue intacta, aunque la dirección no encuentra el tono y los efectos visuales quedan anclados en los años noventa.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 35 d
Las hermanas Owens vuelven, pero la pócima ya no es la misma: regresan Bullock y Kidman casi tres décadas después

Una reunión esperada

Te imaginás la escena: dos sillones enfrentados, una brisa que todavía huele a jazmín, las más queridas del cine fantastique setentoso volviendo a mirarse a los ojos después de veintiocho años. Suena a postales de un reencuentro familiar, casi íntimo, y la publicidad de la nueva entrega lo sabe. Por eso "Prácticamente magia 2" abre sus puertas poniendo a Sandra Bullock y Nicole Kidman en primer plano, sabiendo que ahí, en esa dupla, se juega buena parte del negocio emocional de toda la función. El detalle no es menor: casi treinta años separan a esta producción de la película original que dirigió en mil novecientos noventa y ocho, y la apuesta del estudio pasa, justamente, por recuperar a sus protagonistas casi como si no hubiera pasado el tiempo por ellas. Y la verdad sea dicha, en pantalla esa ilusión funciona: Bullock y Kidman siguen manejando los tiempos cómicos con oficio, se miran con la complicidad de siempre y cada vez que aparecen juntas el film respira otra textura, como si la historia recordara de pronto por qué existía.

El problema empieza cuando se miran las costuras del resto del elenco y de la propuesta. La directora Susanne Bier, que llegó con pergaminos de dramas serios como "En un mundo mejor" o "Ser", no termina de encontrar la medida del tono nostálgico y otoñal que la original manejaba con elegancia. Faltan los silencios, esa melancolía doméstica que hacía Crecer a las Owens; sobran subrayados, frases hechas y subrayados emocionales que la crítica especializada señaló de manera casi unánime. Los efectos visuales, otro punto sensible, parecen sacados de una producción televisiva de hace tres décadas, con hechizos que se ven pixelados y criaturas digitales que ya no convocan el asombro de nadie. Y los personajes secundarios, un reparto que reúne a Maisie Williams, Joey King y Lee Pace, no encuentran espacio para respirar dentro de un guion que repite esquemas y se estira más allá de su cierre natural, con un epílogo que la mayoría de los cronistas describen como directamente innecesario.

Una pócima para los fans de siempre

Ahora bien, sería injusto no reconocer que la película no lo esconde ni lo promete: su público objetivo es el que creció con las Owens, el que descubrió la primera entrega en el cine o en el video, y el que hoy va a la sala a reencontrarse con esa sensación tibia de tardes familiares con hechizos de bajo voltaje. La historia apunta a quienes disfrutan de los romances suaves, la amistad profunda entre mujeres, los diálogos cargados de una emotividad casi de manual y un mensaje positivo que se entrega sin ironías. Para eseー, la propuesta cumple: es un entretenimiento amable, sin grandes sobresaltos ni riesgos, que se deja ver con agrado si uno no espera demasiado.

Lo que duele, al menos a esta cronista, es la oportunidad perdida. Veintiocho años son un tiempo enorme, un paréntesis que permitía viajar la mitología de las hermanas Owens hacia lugares más oscuros, más humorados o más arriesgados, sin traicionar el corazón del relato. La secuela elige en cambio el camino conservador: no rompe, no innova, apenas reacomoda las piezas para que las viejas fans sientan que recuperan algo. Es legítimo, claro, también es cinematográfico; pero deja gusto a poco cuando uno recuerda lo mucho que se podía haber hecho. Si te tienta volver a cruzarte con Sally y Gillian Owens, la cita está hecha; si vas esperando una renovación de verdad, mejor llevate las expectativas guardadas en el bolsillo. Yo, mientras tanto, salí del cine con la sonrisa fácil pero con la sensación de haberme quedado a mitad de camino, acariciando una vieja foto de familia en vez de construir una nueva.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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