Una travesía 4x4 hasta las entrañas de la mina Virginia II, en la Precordillera sanjuanina
La propuesta combina ripio, cauces secos y una caminata final entre montañas para llegar a un campamento minero olvidado. Sin señalización turística ni caminos convencionales, el recorrido exige vehículo preparado, track actualizado y respeto por un terreno que sigue cambiando.
Imaginate llegar hasta un campamento minero que el tiempo se llevó casi sin avisar, en el corazón de la Precordillera sanjuanina. Eso es lo que ofrece una travesía 4x4 que sale desde la capital y termina, después de horas de polvo y arena, en los vestigios de la mina conocida por los vecinos como Virginia II. La experiencia no es para improvisados: no hay carteles, no hay senderos marcados y el camino se construye sobre la marcha.
Cómo llegar y qué se necesita para el intento
- Desde la ciudad de San Juan se toma la Ruta 40 hacia el norte y luego la antigua traza de ripio que conduce a Mogna.
- El tramo clave se hace dentro del cauce seco del río La Laja, entre Talacasto y Mogna, donde la arena y las piedras sueltas obligan a avanzar muy lento.
- Las camionetas se dejan en una quebrada y el resto se hace caminando por un sendero zigzagueante hasta el campamento.
- Es indispensable llevar track actualizado, porque las crecidas borran huellas y modifican los pasos.
Como referencia, contratar la salida guiada con Mainumby 4x4, liderada por Verónica Romaña, ronda los valores habituales de una travesía de jornada completa en la zona, que suelen ubicarse en el rango de los 80 a 120 dólares por persona, incluyendo el traslado, el guiado y la caminata final. Desde Buenos Aires, la opción más directa es volar al aeropuerto Domingo Faustino Sarmiento de San Juan y, desde allí, sumarse a la caravana temprano por la mañana.
Qué hay en el campamento y por qué llama la atención
Lo que aparece arriba es un paisaje detenido en el tiempo. Chapas oxidadas, hierros retorcidos, tambores metálicos y hasta cascos, guantes y prendas de los mineros que alguna vez trabajaron allí. Adentro de las galerías todavía se ven rieles por los que salía el mineral, recipientes para trasladarlo, utensilios de cocina, bolsas que habían contenido explosivos y cables usados en las detonaciones. El lugar no es una muestra museística: conserva paredes derrumbadas, piques y labores tapados por el derrumbe natural. Por eso la visita es prudente y se limita a un ingreso de pocos metros en la galería principal.
Hay que decirlo con todas las letras: la identificación del sitio todavía tiene un margen de incertidumbre. Los lugareños lo llaman Virginia II, pero la documentación pública no termina de confirmar ese nombre de manera concluyente, y tampoco están precisados cuándo empezó y terminó la explotación, cuántos trabajaron allí ni qué mineral se extraía.
Una recomendación menos conocida y el cierre con fe
Si querés sumarte a una experiencia similar sin meterte en una mina, te sugiero probar con los pequeños productores de vino de altura del oeste sanjuanino, en la zona de Pedernal: la mayoría organiza degustaciones familiares y caminatas cortas, con un trato mucho más cercano que las bodegas grandes y con la montaña como fondo. Bodegas como algo más deAuthor pequeña escala son una buena puerta de entrada al San Juan profundo.
El regreso de la travesía incluyó una parada en la Ramada de Carrascosa, un sitio cargado de devoción popular vinculada con Santa Bárbara, patrona de los mineros. Es un cierre emotivo para una jornada atravesada por historia, silencio y paisaje. La mejor época para animarse es entre abril y octubre, cuando el río La Laja está completamente bajo, las lluvias no alteran el cauce y los días son templados y luminosos, ideales para andar horas entre la sierra.
